martes, 11 de noviembre de 2008


En Villavicencio, al norte de la capital del Meta, a cuatro kilómetros por la vía que conduce al municipio de Restrepo, se encuentra, desde 2003, el único parque de Colombia especializado en fauna regional. Dentro de 5,5 hectáreas el visitante podrá conocer 1900 ejemplares de 102 especies que habitan en el lugar.

El Parque Los Ocarros debe su nombre a los armadillos, una especie propia del Llano que vive entre las sabanas de Meta y Vichada. Estos animales, que corren peligro de extinción, son, junto al oso de anteojos, el oso palmero, el puma, el tigre mariposa, la nutria gigante de río, el mico tití, el caimán del Orinoco, el mono aullador, el cachirre, la anaconda, la serpiente mapaná (o cuatro narices) y aves como el carrao, el paujil y la garza morena, entre otros, la atracción de este escenario rodeado de gran vegetación. Además, un lago natural termina de embellecer el lugar.

Los Ocarros

Escudo de SAN FRANCISCO DE SALES

El escudo se encuentra dividido en 4 partes, la primera significa el Café, las veredas que manejan esto son: ARRAYAN, EL PEÑON, PUEBLO VIEJO, MUÑA y SAN ANTONIO, la segunda significa los Cítricos, las veredas que manejan esto son: ARRAYAN, MUÑA y SAN ANTONIO, la tercera la ganaderia, las veredas que manejan esto son: SABANETA, PUEBLO VIEJO y SAN MIGUEL, la cuarta significa el Relieve.

Te invito a conocer San Francisco de Sales, un cálido espacio para tu familia.


Los osos son los carnívoros de mayores proporciones. Su parentesco con los perros es bien cercano, aunque son mucho más grandes y no tienen cola. Tal vez por eso aparentan ser dóciles, pero es sólo apariencia. Estos animales son sumamente peligrosos, capaces de matar a un ser humano de un zarpazo. Y lo han hecho en numerosas ocasiones.

Algunos autores estiman que el parentesco del Oso Panda Gigante es bien cercano a los otros osos. Otros científicos consideran que no es lo suficiente para clasificarlo en la misma familia. Lo consideran más afín con los mapaches.

Sancocho de gallina

Es desde pequeña, un rato largo que tarda al menos 6 horas. Se empieza con un buen viaje en carretera, hacia el municipio que se reconoce en el Valle por calidad de sus aves y la sazón de sus cocineras negras. Ese paisaje plano, de montañas a lo lejos y caña por todas partes invita al ojo y al olfato a hacerse dulces antes de llegar a la mesa.

Llegamos al fin, a una casa vieja, de las haciendas de pequeños cañeros y corteros a las afueras de Ginebra. Este pueblo pequeño y de sinuosos caminos, es perfecto para que las guaduas crezcan enormes y los vientos que bajan de los farallones silben entre sus ramas. Escuchás el agua del riego de los cañaduzales y los canales exteriores de la casa, que previenen la entrada de bichos a los pasillos y las frescas habitaciones.

Grandes tostadas fritas de plátano verde, con ají de cilantro y hogao de tomate y cebolla blanquísimas como la caña. Perfecta entrada, apenas tibia, perfectamente crujiente.

Luego el caldo, espeso, sazonado como en el campo, sencilla y deliciosamente. Aroma a gallina de finca, de las que sólo comen maíz. Las presas magníficas, generosas, doradas al horno. Perfecto. Todos comimos a manos llenas. El dulce de manjarblanco para rematar, con queso de leche de vacas del establo. Maravilloso, fresco, liviano y aromático. Cafecito, y la cuenta, por favor.

De regreso el atardecer del valle: lleno de canales de agua y nubes enormes de color naranja. Es complicado pedirle más a un domingo.